El coño no me cabe en el bikini
Amigas, esta semana he visto los primeros carteles de las muchachas divinas de la muerte de las grandes marcas luciendo palmito en bikini. Deduzco pues que está a punto de llegar el verano -aunque por Berlín no se nota NI DE LEJOS- y, con él, el punto álgido del año en cuanto a dictadura de la belleza: recetas de adelgazamiento exprés, cremas antiestrías/anticelulitis/antimujeres, tratamientos de belleza, entrenadictadores personales… todo lo que esté al alcance de tu bolsillo, de tu paciencia y de tu resistencia mental para conseguir ese codiciado cuerpo de playa imposible que ni las propias modelos logran con satisfacción, como han admitido Cindy Crawford o Cameron Russell.
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| Desconozco la autoría de esta ilustración, que me perdone su creadora. |
Me
fui de vacaciones y eché en la maleta mi bikini monísimo para
cubrirme las partes pecaminosas mientras gozaba de la playa con un
grupo de amigxs.
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| Dibujo de Ana Belén Rivero |
Mi
sorpresa fue que, en acción, el bikini monísimo no estaba bien
diseñado. Probablemente no lo había diseñado una mujer, o al menos
no una que lo iba a usar de verdad. Porque, amigas, el bikini me
quedaba estrecho de coño. Sí, sí, me dejaba un cuarto de coño al
aire por la derecha y otro cuarto de coño al aire por la izquierda:
en total, medio coño destapado. No me refiero a más o menos ingles,
sino a coño en toda su esencia.
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| El bikini de la discordia |
He
decidido tomar medidas, literalmente. El bikini tiene un ancho de 8
cm. Mi coño por la parte del monte de Venus, vamos, donde está el
vello púbico, tiene un ancho de 12 cm (sí, me lo acabo de medir, y
sí, es la primera vez que lo hago, y sí, ha sido un poco extraño
todo). Por matemática simple y lógica directa, a este bikini le
faltan 4 cm de tela, al menos, para cubrir un coño de la talla 36,
que tampoco es mucho pedir.
Aparte
de la incomodidad de tener que reajustar mi “línea del bikini”,
que lo solucioné en un momentito con la cuchilla, no sabéis la
tortura que es que se te ponga el bikini de tanga POR LA PARTE DE
ALANTE y el cachondeo que tuve que aguantar por parte de mis amigas y
amigos durante esas dos semanas. Y lo peor es que pensaba que no se
notaría de lejos, pero cual fue mi sorpresa cuando todas,
absolutamente todas las fotos vacacionales dan testimonio de este
error garrafal del imposible diseño patriarcal.
Inciso:
iba a poner un documento gráfico de cómo quedaba in situ el bikini,
pero me lo he pensado mejor que Internet es ancho como Castilla y mi
madre y mis amigas informáticas y nerds me echarían la bronca por
incauta.
Mi
teoría al respecto, que por supuesto tengo una, es que el mundo de
la moda está así de pifiado desde que los hombres metieron sus
manazas en él. Chiquillos, no dejáis ni un sitio tranquilito y en
orden. Antes, comprabas tu tela, te ibas a la modista del barrio o a
tu abuela y te hacía la prenda. No existían las tallas, no existían
las culpas ni los modelos normativos, o al menos no tanto. Mi abuela
me ha hecho mucha ropa. Es una mujer que conoce los cuerpos de mujer,
los contornos, donde hay y es normal que haya redondeces y cómo
hacer que la prenda quede bien en todos los cuerpos. La experiencia
de probarse algo que me ha hecho a medida es agradable, cercana y
cálida, nada que ver con ese pensamiento constante de que algo anda
mal con tus formas cuando te pruebas un pantalón de una tienda en
cadena. Y como ya hay gente que se ha molestado en argumentar mejor
esta idea, os dejo las increíbles reflexiones de Erika Irusta en su
artículo Carne
de segregación y
de Fatema Mernissi en su libro El
harén en Occidente.
Sin
más me despido. Os deseo una feliz entrada en el verano y en el
maravilloso mundo de las compras imposibles y patriarcales en las que
somos concebidas como ganado medido, pesado y numerado.
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| Dibujo de Ana Belén Rivero |





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