Sal del armario… hembrista
[Nota
importante: nos referimos a “hombre” y “mujer” como
constructos sociales, no biológicos. Por ello, los hombres trans son
nuestros grandes aliados por pervertir la masculinidad. Pero nada de
escaqueos, son los únicos que quedan fuera cuando escribimos
“hombres” en este artículo. Sí, los únicos.]
Hemos debido esperar a
que los astros se alinearan y entráramos las autoras de este
artículo sincronizadamente en fase premenstrual para reunir la
lucidez y el coraje de… SALIR DEL ARMARIO HEMBRISTA.
Lo hemos hablado mil
veces acodadas a la barra de un bar. Cada día estamos más
convencidas de que si queremos conseguir la igualdad, pero la
verdadera igualdad, tiene que ser pasando por una inversión de
posiciones. Hasta que nosotras no sepamos lo que es vivir con plenos
privilegios y ellos en la segunda división no hay nada que hacer.
Nos fastidia brutalmente que el feminismo tenga que ser amable y
respetuoso para que los hombres no se ofendan y no sientan que los
dejamos de lado. ¿Por qué tantos miramientos? ¿Acaso ellos no nos
han invisibilizado, maltratado, violado y asesinado durante 2000
años? ¿Por qué tenemos que cortarnos un pelo en nada?
Las
mujeres debemos regir el mundo, al menos durante 2000 años, y en
realidad estamos siendo respetuosas con los hombres, porque para
erigirnos como superiores, deben ser más. Hasta entonces, no
podremos empezar a considerar la instauración de una verdadera
igualdad. Además, amigas, ¿no os pica la curiosidad? ¿Cómo es un
mundo dominado por mujeres? Y, ¿acaso no es justa esta inversión
de poder? Además,
¿existe en este mundo algo más sano que la venganza? La venganza es
como el hembrismo: tiene muy mala fama. Sin embargo, nosotras
pensamos que así como el hembrismo es la verdadera igualdad, la
venganza es la verdadera paz.
Pero claro, como bien
sabemos, las mujeres brillamos por nuestra diversidad y por lo tanto
no podemos dedicarnos todas a la venganza de los 2000 años. En
nuestro mundo d.H (después del Hembrismo) las tareas están
repartidas según afinidades.
Por
un lado están las hembristas alfa. Pero la idea no es oprimir al
estilo Las
hijas de Egalia,
hasta para eso van a tener suerte, es tan solo que los hombres
se callen la boca durante dos milenios aproximadamente y nos dejen
hacer tranquilas, más bien como en El
país de las mujeres pero
a lo grande. El pacto de no-opresión no quiere decir que estén
libres de peligro. Claro que entre las hembristas alfa hay
algún escuadrón incontrolable que no toma el esperma necesario
para reproducirse de bancos de esperma que se reunió antes del año
1 d.H. (después del Hembrismo) o de las compañeras trans, sino que
son sedientas amazonas remasterizadas que huelen a los hombres de
lejos y se abalanzan sin piedad sobre ellos, extrayéndoles su
preciado semen sin que ellos obtengan placer (es una técnica muy
depurada). Causan algunas bajas de vez en cuando. También atacan sin
ansias reproductivas cuando ven cualquier actitud masculina que
debiera estar enterrada en la historia a.H. (antes del Hembrismo),
como el mansplaining, el manspreading, la violencia sexual, la
heterosexualidad, el coito por placer o atisbos de homofobia,
racismo, clasismo, ableismo y por supuesto, transfobia, pues eso es
faltar a nuestra Diosa, genderqueer máxima. A
estos escuadrones hay que dejarlos hacer, nadie se mete con ellas.
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| Xena, la princesa guerrera y lideresa de los escuadrones de hembristas alfa |
Qué
bonito es un mundo sin hombres, qué paz, qué plenitud. Se dejan
solo un par de ellos, bien machos, reunidos en recintos cercados y
electrificados, con grilletes en las muñecas, con su heno y sus
pesas de gimnasio, para saciarnos los cinco días de ovulación en
que algunas no pueden evitar sentirse suciamente atraídas por esos
andares de piernas abiertas y rascada de huevos, esa agresividad
contenida, esos modos altivos y paternalistas que el resto del mes
nadie soporta.
Hay
regiones del mundo dominadas por el anarcohembrismo, una suerte de
catarsis de lesbianismo, colectividad, cuidados y sexo, mucho
sexo con orgasmos múltiples.
Y
por otro lado, cómo no, están las hembristas yerbas. Estas
son las grandes gestoras de lo común. El año 1 d.H. es mítico
porque las hembristas yerbas detienen todas las guerras comenzadas y
atizadas por hombres, porque ninguna mujer permite la muerte de los y
las hijas de otra mujer, porque sabe por experiencia propia o cercana
el sudor y las lágrimas que cuesta la crianza, porque ellas aprecian
la vida y la dignifican.
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| Annie Sprinkle, mentora de las hembristas yerbas |
Ese
año los parlamentos también se llenan de colores, de silencios de
reflexión tras una intervención, de dudas compartidas y decisiones
tomadas por consenso.
Se
abren las fronteras marcadas por los hombres. Se sana la Tierra
envenenada por su esclavitud ante el género masculino. Se expropia,
se colectiviza absolutamente todo, se pluralizan las formas de
organización social, las perspectivas y la política. Las torres y
monumentos fálicos se sustituyen por cuevas que simbolizan la vagina
y grandes globos en honor al útero creador de vida. Se instauran dos
tribunales clave: el Tribunal de Memoria Femenina y el Tribunal de
Memoria por los Pueblos Oprimidos. Estos tribunales, básicamente,
juzgan a los culpables de las barbaries cometidas a.H. (antes del
Hembrismo), indemnizan a aquellas mujeres o grupos sociales
perjudicados antes de nuestra era y recuperan la historia y el legado
que la era a.H. vapuleó y enterró en el olvido.
Total,
que a esta ideología tan maravillosamente bien montada se la llama
despectivamente, incluso a veces desde el feminismo, hembrista. Pues
chicas, no entendemos nada. La verdad es que la era d.H. (después
del Hembrismo) pinta estupendamente. Nosotras no lo vemos tan mal,
será que somos hembristas. Y estamos seguras de que hay muchas más
aún en el armario. ¡Animaos, salid, reconoced vuestra condición
(abajo, en los comentarios, es un buen lugar para empezar)!
¡Gracias,
premen!


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